¿Te conviene cambiar de oferta de luz o gas?

Pon una al lado de la otra el contrato que tienes y la oferta que te han hecho en lo que de verdad cambia, el precio unitario y las cuotas fijas, y mira la diferencia en un año.

Tu suministro
En la factura aparece en kWh, en el resumen de consumos.
Oferta A, la que tienes ahora
Costes de comercialización, gestión, servicios añadidos. Déjalo vacío si no hay.
Descuento de una sola vez, solo cuenta el primer año.
Oferta B, la propuesta
Costes de comercialización, gestión, servicios añadidos. Déjalo vacío si no hay.
Descuento de una sola vez, solo cuenta el primer año.
Opción

Los números que escribes se quedan en tu navegador, no se envía nada a ningún sitio.

Qué se compara, y por qué funciona

La herramienta compara solo las partidas que las dos ofertas ponen de verdad por escrito, es decir la materia prima (luz o gas) y las cuotas fijas comerciales. Todo lo demás de la factura, los peajes de red, la gestión del contador, los cargos del sistema y los impuestos especiales, está regulado: con el mismo contador y el mismo consumo lo pagas igual sea cual sea tu comercializadora, así que desaparece cuando restas una oferta de la otra. Por eso aquí no hay ninguna tarifa escondida en el código ni ningún número que se quede viejo.

El cálculo que NO hacemos

Nunca dividimos el total de la factura entre los kWh para llamarlo el precio real del kWh. Ese número mezcla materia prima, peajes, cargos del sistema, impuestos especiales e IVA, mientras que las ofertas hablan solo de la materia prima: comparar los dos hace que cualquier oferta parezca un chollo. Lo que lees abajo es la diferencia entre dos contratos, no una factura.

Dónde encontrar los números

El consumo anual está en el resumen de consumos de tu factura, en kWh para la luz y en metros cúbicos estándar para el gas. Los kWh de cada periodo horario están en el mismo recuadro, y hay que usar los de verdad: dos ofertas por periodos cambian de puesto según cuánto consumas por la tarde y el fin de semana. El precio, el margen y la cuota fija están en las condiciones económicas de la propuesta. Ojo con la unidad, porque un precio escrito en céntimos o en €/MWh es cien o mil veces el que va en euros por kWh, y ese es el error más habitual.

Fijo o indexado, y el índice de equilibrio

Una oferta indexada sigue un índice del mercado mayorista (PUN para la luz, PSV o TTF para el gas) y le suma el margen de la comercializadora, así que se mueve cada mes. Compararla con un precio fijo solo tiene sentido si dices de qué partes, y aquí se parte de que el índice se queda en el valor que has escrito. Por eso la herramienta calcula también el índice de equilibrio, el nivel medio al que las dos ofertas cuestan lo mismo. Por encima gana el precio fijo, por debajo gana el indexado.

Las cuotas fijas y el consumo de equilibrio

Cuando una oferta tiene el precio unitario más bajo pero la cuota fija más alta, hay un consumo exacto en el que las dos se cruzan: la diferencia entre las cuotas fijas dividida entre la diferencia entre los precios unitarios. Por debajo gana la cuota fija baja, por encima gana el precio bajo. Por eso la misma oferta puede ser buenísima para una familia de cuatro y malísima para una segunda residencia.

Límites declarados

El resultado es una estimación con el consumo constante y no tiene en cuenta las fianzas, las penalizaciones por cancelar, las refacturaciones, el bono social, los descuentos por domiciliar el pago o por la factura electrónica, ni la duración del precio fijo, que suele ser de doce o veinticuatro meses y conviene mirarla antes de firmar. Los servicios añadidos obligatorios, como un seguro o el mantenimiento de la caldera, hay que sumarlos a mano a la cuota fija. Para el gas, la conversión entre €/MWh y €/m³ usa el valor convencional de 10,69 kWh por metro cúbico estándar (poder calorífico superior de 38,52 MJ/m³): si la oferta ya viene en €/m³, usa esa. Esto no es un consejo y no sustituye a leer el contrato.