Calculadora de tiempos de marcha y hora de regreso

Cuánto dura de verdad una excursión, a qué hora vuelves y cuánta luz te queda, con las cuentas explicadas paso a paso.

Escribe la distancia y el desnivel que leas en una reseña de la ruta o en una señal del sendero, elige tu ritmo y obtén las horas de marcha, la hora a la que vuelves y el margen que te queda.

La ruta

La distancia aquí es la longitud del camino medida en el mapa. Si vuelves por el mismo sitio, escribe solo la ida y marca la casilla de arriba: la herramienta duplica los kilómetros y suma los dos desniveles, porque a la vuelta la subida se convierte en bajada y al revés.

Tu ritmo

Los tres números se pueden cambiar, y en cuanto tocas uno el ritmo pasa a personalizado. Cuando ya hayas hecho una ruta con esta herramienta, la forma honesta de calibrarla es calcular tu velocidad real de ascenso (metros subidos dividido entre las horas que tardaste, sin contar las pausas) y escribirla aquí.

Condiciones que te frenan
Horarios y pausas

La hora límite es el atardecer, el último autobús o el último teleférico. Déjala vacía y solo obtendrás la hora a la que vuelves. Para el atardecer del día y del lugar exactos tienes la herramienta Amanecer y atardecer.

De dónde salen las horas de marcha

El método que se usa en los senderos italianos no suma los tiempos sin más. Primero se calcula cuánto cuesta el desnivel (300 metros por hora en subida y 500 en bajada, para un excursionista medio con mochila ligera), luego cuánto cuesta la distancia (4 km/h) y al final se toma el mayor de los dos más la mitad del menor. La mitad del menor no es un apaño arbitrario: evita contar dos veces el mismo terreno, porque mientras subes también estás haciendo los kilómetros. En una ruta de 12 km entre ida y vuelta, con 900 metros de subida y otros tantos de bajada, salen 3 h 45 min de subida y 2 h 33 min de bajada, o sea 6 h 18 min de marcha pura. La cuenta se hace por separado en la subida y en la bajada, repartiendo los kilómetros entre las dos en proporción a los desniveles.

Cien metros de subida cuestan más que un kilómetro de llano

Con los valores estándar, 100 metros de subida cuestan 20 minutos, y en 20 minutos por llano recorres 1,3 km. Por eso dos excursiones con la misma distancia pueden durar el doble la una que la otra, y por eso la pregunta correcta delante de una señal no es cuántos kilómetros son, sino cuánto se sube. En bajada la proporción casi se reduce a la mitad (100 metros cuestan 12 minutos), pero solo mientras el terreno sea bueno: en pedregal, barro o nieve blanda la bajada puede volverse más lenta que la subida, y ahí es donde la casilla del terreno difícil se gana su sitio. Los tres porcentajes de las condiciones se suman entre sí y se aplican a los tres métodos, así que los números siguen siendo comparables.

Naismith, Langmuir y Tobler, tres maneras de estimar lo mismo

La regla de Naismith es de 1892 y viene del montañero escocés William W. Naismith: una hora cada 3 millas (4,8 km) más una hora cada 2.000 pies (610 m) de subida. No dice nada de la bajada, y la corrección de Eric Langmuir la añade: 10 minutos menos cada 300 metros cuando la bajada es suave (entre 5 y 12 grados), 10 minutos más cuando es fuerte (más de 12 grados). La función de Tobler, de 1993, da una velocidad en vez de un tiempo, 6 por e elevado a (-3,5 por el valor absoluto de la pendiente más 0,05) km/h, y nació para los modelos del terreno por ordenador. Su máximo no está en el llano, sino en una bajada suave del 5 por ciento, que de verdad es el terreno por el que más rápido se camina. Describe un paso vivo por un sendero bueno, así que casi siempre devuelve el número más bajo; fuera de sendero su autor sugiere multiplicar la velocidad por 0,6. Ver los tres números uno al lado del otro es justo el sentido de esta página: cuando están cerca la ruta es regular, cuando están lejos o es muy empinada o es muy larga, y la opción más segura es la más prudente.

Las pausas no están dentro de las horas de marcha

Ninguno de los tres métodos cuenta las paradas, y esa es la primera razón por la que se vuelve más tarde de lo previsto. La proporción que funciona en la práctica es de 10 minutos por cada hora de marcha, más media hora cuando hay comida de por medio: en una jornada de 6 horas eso es una hora y media más. Por eso el resultado mantiene separadas las horas de marcha y la duración de toda la jornada, y usa la segunda para la hora de regreso. El número escrito en una señal del sendero es siempre el primero de los dos, nunca el segundo.

Lo que el cálculo no puede saber

Es una estimación, no una garantía. El calor, el viento de cara, la altitud (por encima de los 2.500 metros un excursionista sin aclimatar pierde entre un 10 y un 20 por ciento), el cansancio que se acumula durante la tarde, la nieve que aguanta a las ocho de la mañana y se hunde a mediodía y, sobre todo, los tramos en los que el tiempo depende de la técnica y no del ritmo, como una vía ferrata, un canal, el vadeo de un río o una arista expuesta: ahí ninguna fórmula significa nada y solo cuenta el relato de quien ya ha estado allí. Los datos de partida también son aproximados, porque la distancia que se lee en un mapa es la proyección en el plano, mientras que un track de GPS mide un pequeño porcentaje más. Antes de salir consulta el atardecer del día y del lugar exactos, avisa a alguien de adónde vas y lleva un frontal aunque las cuentas cuadren.