Oculta el código de las cartas gradeadas
Carga la foto de la cápsula: el número de certificado, el código de barras y el código QR de la etiqueta se encuentran solos y se borran, sea la carta de Pokémon, Magic, Yu-Gi-Oh, One Piece o de cualquier otro juego. Lo compruebas, ajustas los recuadros si hace falta y descargas la foto lista para publicar.
JPG, PNG, WebP o HEIC del iPhone, también más de una. La foto sale en el mismo formato, salvo el HEIC, que sale en JPG.
Toca un recuadro para elegirlo: lo arrastras para moverlo, tiras de una esquina para agrandarlo y del punto de arriba para girarlo. Arrastrando sobre una zona vacía dibujas uno nuevo.
Usar el teclado
Haz clic en la foto o llega a ella con Tab. Luego Tab elige el recuadro, las flechas lo mueven, Mayúsculas con las flechas lo agranda o lo encoge, [ y ] lo giran, Supr lo quita e Intro añade uno nuevo.
Por qué se oculta el número de certificado
Cada carta gradeada tiene en la etiqueta un número de certificado que es solo suyo, impreso con cifras y casi siempre repetido en un código de barras. Quien lo escribe en la web de la empresa de gradeo encuentra la ficha de esa carta: el nombre, la nota y, en muchas cartas, las fotografías hechas cuando se evaluó. Es la herramienta con la que un comprador comprueba que la cápsula es auténtica, y precisamente por eso el número les interesa a quienes falsifican cápsulas.
Una cápsula falsa con un número inventado se descubre en la primera comprobación, mientras que una cápsula falsa con el número de una carta auténtica la supera. En agosto de 2021, en una conversación entre coleccionistas, se señaló un Charizard Shining primera edición con nota PSA 10 puesto a la venta en eBay con el número de certificado de la copia auténtica, que en esos mismos días también estaba a la venta. La falsa se reconocía por detalles que en una foto se escapan, como una etiqueta impresa torcida y una cápsula demasiado grande para la carta que contenía. El número, en cambio, era el correcto, y un número correcto se copia de una foto publicada.
Por eso muchos coleccionistas, cuando enseñan una carta en las redes o en un grupo, tapan la etiqueta a mano con una pegatina, un garabato o el dedo. Esta herramienta hace lo mismo sola: encuentra el número, el código de barras y el código QR, los borra, y a ti solo te queda mirar que todo esté tapado.
Cuándo conviene, en cambio, dar el número
Tapar el número tiene un coste, y conviene saberlo antes de hacerlo. Quien compra una carta gradeada quiere comprobar el certificado en la web de la empresa de gradeo, ver por cuánto se vendió esa copia en el pasado y comparar las fotografías de la ficha con las del anuncio. En los foros de coleccionistas el tema sale a menudo, y la respuesta de muchos compradores es clara: se compra la carta, no la cápsula, y el número es la única manera de saber que la carta que llega es la de la foto.
Hay también un riesgo opuesto al de las cápsulas falsas. Un vendedor que oculta el número puede enseñar una carta y enviar otra con la misma nota, y quien compra no tiene nada en la mano para reclamar. El término medio que usan muchos es sencillo: en las fotos que enseñan la colección, en las redes y en los grupos, el número se tapa; en un anuncio de venta se tapa en las fotos públicas y se da en privado a quien está realmente interesado, o se deja a la vista, que es la opción más transparente de todas.
Qué encuentra la herramienta
En las etiquetas de las empresas más comunes el número aparece de varias formas, y la herramienta las busca todas. La primera es el código de barras que PSA, Beckett y CGC imprimen en la etiqueta. Primero intenta leerlo, y cuando la foto es demasiado pequeña o está demasiado desenfocada para descifrarlo, lo reconoce por la forma: una fila de barras paralelas, densas y regulares se ve aunque no se pueda leer, y se tapa igualmente. La segunda es el código QR que está en el reverso de la etiqueta de PSA desde 2017 y en el de CGC, y que lleva a la ficha de la carta: si fotografías el reverso, también hay que ocultarlo.
La tercera forma es el número escrito con cifras. Para encontrarlo la página lee los textos de la foto, primero alrededor de los códigos, enderezando la etiqueta si la foto está torcida, y luego en la foto entera, y se queda con las series de al menos siete cifras, o seis si están junto a un código. Corrige las confusiones típicas de la lectura automática, como la O en lugar del cero o la l en lugar del uno, y cuando el código de barras se ha leído usa su contenido para reconocer el número aunque la lectura haya sacado solo un trozo o haya fallado alguna cifra. Las etiquetas plateadas de Beckett, grises en una foto clara, se leen con una segunda pasada que mira el contraste zona por zona. El lector de textos es el mismo que usa Imagen a texto.
La herramienta no sabe de qué empresa es la cápsula y no le hace falta, porque busca códigos y números dondequiera que estén: funciona igual con las etiquetas de papel y con las cápsulas que llevan los textos impresos en el plástico. Y tampoco importa el juego: Pokémon, Magic: The Gathering, Yu-Gi-Oh!, One Piece, Lorcana, Dragon Ball, Digimon y las cartas deportivas acaban todas en las mismas cápsulas, con las mismas etiquetas. En cambio, no toca la nota, el nombre de la carta ni el resto de la etiqueta, que son justamente lo que quieres enseñar.
Borrar, no desenfocar
Desenfocar o pixelar un número parece suficiente y no lo es. Las cifras posibles son diez y la tipografía de una etiqueta es siempre la misma: basta con probar los números candidatos, desenfocarlos de la misma manera y quedarse con el que da la misma imagen. Por eso aquí no hay desenfoque, y el truco con el que se vuelven a leer los textos desenfocados se explica a fondo en Tapa datos en una captura.
La opción de partida es Borrar: la zona del código se vuelve a pintar con el color de la etiqueta que la rodea, tomado de los píxeles justo fuera del recuadro y nunca de los de dentro, con un poco de grano para que no parezca un parche plano. El resultado es una etiqueta que parece no haber tenido nunca el número. Si prefieres que se vea que ahí había algo, puedes elegir una barra negra o una barra blanca.
En los tres casos el archivo que descargas se reconstruye desde cero: la foto original se vuelve a dibujar sobre un lienzo nuevo y las tapas se imprimen encima. Debajo no queda nada que recuperar, y no hay ninguna capa que mover como en un programa de diseño.
Mira siempre la foto antes de publicarla
La herramienta encuentra casi siempre lo que debe, pero casi siempre no basta cuando un error acaba en internet. El reflejo del plástico puede caer justo sobre las cifras, una foto muy de lado tuerce los textos, y en una cápsula fotografiada de lejos el número puede ser demasiado pequeño para leerlo. Por eso, cuando termina, te dice qué ha tapado. Si el número todavía se ve, arrastra sobre la foto para dibujar un recuadro encima, o pulsa «Añadir un recuadro» y muévelo donde haga falta.
También puede pasar lo contrario, es decir que tape algo que no es un código: una carta con un dibujo de rayas muy juntas, por ejemplo, puede parecerse a un código de barras. Cada recuadro está en la lista debajo de la foto con un botón para quitarlo, y «Volver a los encontrados» deja todo como estaba después de la búsqueda.
El número puede salir también por otros sitios: por el título o la descripción del anuncio, por otra foto en la que se ve el reverso, por el nombre de la foto si la llamaste con el número. Del nombre del archivo descargado ya se quitan todas las series de seis o más cifras, pero lo demás hay que revisarlo a ojo.
Tus fotos se quedan en tu teléfono
Todo el trabajo lo hace tu navegador: las fotos no se suben a ningún servidor y nadie las ve. La primera vez la página descarga el lector de códigos y el de textos, unos 9 MB en total, y luego los guarda, así que desde la segunda vez arranca enseguida. En un teléfono reciente una foto se revisa en pocos segundos, y se pueden cargar hasta veinte.
La foto que descargas sale en el mismo formato que el original, salvo el HEIC del iPhone y el AVIF, que salen en JPG porque es el formato que todo abre. El tamaño sigue siendo el mismo, salvo en el iPhone y el iPad cuando la foto pasa de los 16,7 millones de píxeles: ahí Safari no dibuja imágenes tan grandes, así que sale un poco más pequeña y la página te lo dice. Sale también sin los datos escondidos que añaden los teléfonos, como la fecha, el modelo y la ubicación, porque la imagen es nueva. En el iPhone el botón «Compartir o guardar en Fotos» abre el menú de compartir, desde el que la foto se guarda en el carrete o se envía directamente a una app. Si, en cambio, solo quieres quitar esos datos de una foto sin tapar nada, el camino corto es Quitar metadatos.